Vamos a darle una patada en el culo a la poesía. La poesía ha contaminado al mundo, ha arrancado suspiros de los hombres serios, ha hecho soñar a los materialistas, ha infundido deseos venales en el hombre santo. Pero lo que es peor, la poesía ha engendrado más poesía. Y lo que es aun peor que lo peor: la poesía ha engendrado poetas. Y lo que es lo peor-peor de todo, es que esos poetas, de vez en cuando, han tenido la osadía de escribir poesía. Ya lo dijera Platón, señores, el artista ha de ser expulsado de la República! Yo, humildemente, solo pido que expulsen al poeta. (Reino Unido, Luxemburgo, Mónaco, Ciudad del Vaticano, Japón, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Noruega y Marruecos, entre otros, están exentos por razones obvias de este legítimo reclamo.)
Si seguimos como vamos, pronto los señalamientos carreteros se nos presentarán en rima (Cuando continua línea veas brotar / no la habrás de rebasar / tu carril has de guardar / tu deber es respetar), lo que tal vez nos haga más sensibles, pero menos eficaces conductores. Imaginen tan solo las metáforas terribles de nuestros legisladores en las asambleas, los versos cuadrados de los medicastros, los juicios orales plagados de evocaciones a la luna! Tiene sentido? No! Y qué gracia hay en invocar divinidades en paños menores? Qué digo en paños menores, medio envueltas en sábanas que apenas cubren sus impudicias! Y cuando hay recato en la poesía el resultado es, si se puede, incluso más infausto: versitos pudorosos para solteronas ajadas, colegiales de ojos lacrimosos y barrigudos aspirantes a las Academias.
Lo que necesitamos son someras listas de mercado, clasificados expresivos, notas sutiles, claras recetas de cocina, recados telefónicos conmovedores, inspiradores instructivos, certificados de garantía notables, facturas reveladoras, advertencias ejemplares, tickets de compra que sublimen el Espíritu… todos ellos terreno fértil de nuevos y más edificantes géneros literarios.
Qué puede igualar la belleza de esta lista de ingredientes?:
“Agua, Lauret Sulfato de Sodio, Cloruro de Sodio, Dimeticona, Cocamidopropil Betaina, Ciclodextrina, fragancia, PPG-5-CETET-20, Metilparabén Sódico, Carbomer, Hidantoína DMDM, Cloruro de Guar-Hidroxipropiltrimonio, Metilpropional de Butilfenilo, Linalol, Esteres de PEG-120 Cera de Jojoba, Hexil Cinamal, Citronelol, Geraniol, Proteína Conchiorina Hidrolizada, D&C rojo 33 (CI 17200)”.
Qué elegancia y qué donaire el de estos términos! Qué claridad en el lenguaje, qué manera de evocar los elementos! Pueden observar en qué manera el simple recurso al sustantivo “fragancia” nos abre un universo de estímulos olfativos? Y la mención de ese rojo —oh, ese rojo!—, que nos da la exacta impresión del matiz evocado (no cualquier rojo; no un rojo 40 ni un rojo allura, sino un rojo 33 con todo su esplendor y su plenitud expresiva)! Y el agua, que para traerla a nosotros basta con escribir “agua”, sin ninguna necesidad de acudir a metáforas vacías. Y qué me pueden decir del “Lauret Sulfato de Sodio”, que no se refiere a otra cosa que al Lauret Sulfato de Sodio por todos conocido? Qué economía de recursos y qué ejemplar aportación a la historia de las letras!
Veamos éste otro ejemplo, que reproduzco en su idioma original (traduttore traditore) con miras a no perder la pureza del estilo y la riqueza expresiva del lenguaje:
“SD Alcohol 40-B (SDA-CA-2141) (Alcohol Denat.), Dimethyl Ether, Water (Agua), Octylacrylamide/Acrylates/Butylaminoethyl/Methacrylate Copolymer, Aminomethyl Propanol, PEG/PPG-17/18 Dimethicone, Quaternium-52, AMP-Isostearoyl Hydrolzed Wheat Protein, Phenyl Trimethicone, Pentaerythrityl Tetracaprylate/Tetracaprate, Nitromethane, Sodium Benzoate, Bisamino PEG/PPG-41/3 Aminoethyl PG-Propyl Dimethicone/Hedychium Coronarium (White Ginger)/PEG-12 Dimethicone, Triethyl Citrate, Panthenol, Benzophenone-3, Fragance (Parfum), Amyl Cinnamal, Benzyl Alcohol, Benzyl Benzoate, Benzyl Salicylate, Hydroxycitronellal, Linalool”.
Cuánto misterio hay para el profano en este léxico casi hermético y cómo estimula esto el deseo de sumergirse en un universo semántico tan ajeno al bagaje lingüístico cotidiano. Quién no desearía comunicar con esta precisión sus ideas y sentimientos en vez de acudir a signos tan polisémicos como amor, corazón, manzana o jardinera? No es esto, acaso, un cuestionamiento directo a los fundamentos mismos del lenguaje?
Por otra parte, fíjese usted en el recurso frecuente a raíces de origen grecolatino como tri, tetra, hidro (hydro) o ciclo, entre otras, que trae hasta nosotros la gloria inigualable de lo clásico, así como en la rica matización alcanzada gracias al feliz juego tipográfico que combina números y letras capitales, amén del uso de la barra oblicua que asocia, sin que pierdan individualidad, los diversos elementos de la fórmula.
En este segundo ejemplo, podemos observar también un ejercicio de interculturalidad pocas veces tan bien logrado por los poetas de todos los tiempos, donde “Aqua” y “Parfum” refuerzan la idea ya anticipada por los sustantivos “Water” y “Fragance” que les preceden.
Estas dos grandes obras (menospreciadas) de un género hasta ahora no reconocido oficialmente por Academias anquilosadas y obsoletas, no pueden dejar de sorprendernos por su perfección estilística y la magistral adecuación entre fondo y forma, sin necesidad de recurrir a artificiosos manipuleos gramaticales. Cómo convocan estas obras al Espíritu mediante su justa expresión de la Verdad!
Pero prosigamos con otro ejemplo, de un género distinto, que produce nuestro asombro por la austera ejecución de su estilística, por su dominio superior de la retórica y por su originalidad indiscutible. Se trata esta vez de un anuncio publicitario, de autor anónimo, publicado hace algunos años en nuestro país por un semanario de prestigio reconocido:
“¿Puedo beber agua sin enfermarme? Llámeme y le digo cómo. Filtros de calidad para agua”.
Detrás de una pregunta aparentemente absurda, se esconde una inquietud que afecta constantemente al sujeto urbano contemporáneo: ¿cómo sortear los peligros inminentes de beber las corruptas aguas que brotan de la llave del fregadero en una época en la que incluso el más vital y noble de los líquidos, símbolo por antonomasia de la pureza, representa una descomunal amenaza para el hombre?
Tras haber captado de tan asombrosa manera nuestra atención (digna de elogio por parte de los más insignes teóricos de la literatura), el autor nos invita a constatar la increíble posibilidad sugerida por la interrogante, no mediante la mera reflexión especulativa sino acudiendo directamente a quien con tal gallardía pone las cartas sobre la mesa. Qué hace esto sino desbancar siglos de vana exégesis de la literatura? Dónde quedan ahora los soberbios hermeneutas? Una invitación semejante representa la total ruptura con una tradición que se empeña en mantener la distancia entre el lector y el autor de la obra, y a la que no se atrevieron a enfrentar ni las más arriesgadas de entre las vanguardias.
Para concluir, el autor nos hace partícipes del misterio: “Filtros de calidad para agua”. Con esto se revela que no se trata ni de una broma mordaz ni de un ejercicio inútil de poesía: el autor nos ofrece algo concreto, material, nada de metáforas ni de ensueños insubstanciales; algo que afecta al tacto tanto como a la mirada y que redunda en una mejoría objetiva, investigable y medible de nuestras condiciones de vida; oferta con la que alcanza finalmente la plena realización de la función social de la literatura. Así mismo, con esta frase somera, consigue no dejar a la imaginación nada innecesario, ponernos todo en claro, pues resulta entonces evidente que se trata de filtros, filtros de calidad, filtros de calidad que filtran agua.
Esta obra sin parangón (y quién se atrevería a negarlo?), nos demuestra la superioridad de las nuevas formas literarias frente a géneros poéticos desgastados que ya nada tienen que aportar a los lectores y estudiosos del mundo contemporáneo.
Consideremos, sin embargo, dos breves ejemplos que no nos son en modo alguno ajenos, con el fin de que no se piense que me he valido maliciosamente de casos aislados y más bien extraños de genialidad creadora para manipular la opinión a favor de mi más que justo reclamo.
La siguiente obra fue encontrada in situ, colocada con aparente indolencia sobre una mesa de cocina:
“Fui a la tienda”.
Cómo se afirma el Yo, cómo se evoca la soledad del hombre al ser un yo y no un nosotros este sujeto tácito que va a la tienda! Innegablemente, el recado reclama una otredad con la que no se puede entablar una comunicación directa (el recado mismo supone en sí siempre una ausencia que es, en última instancia, signo de un vacío, falta de un interlocutor inmediato al qué dirigir el mensaje, ruptura temporal del esquema comunicativo); otredad ausente a la que se anuncia una ausencia: “Fui a la tienda”, es decir, “No estoy aquí”.
El recado se erige entonces como único vínculo entre emisor y destinatario, como frágil eslabón de una cadena que está a un tirón de romperse; el recado es el punto de encuentro y el medio del intercambio, pero también, en su simplicidad, símbolo de la dificultad de la coincidencia. Cuánto nos dice esto del aislamiento, de la incertidumbre del destino de las relaciones humanas!
Y qué fuerza la de la preposición, que indica la tienda como el término de este recorrido! Con qué singular intensidad nos lleva del verbo a su complemento! Por otra parte, no podemos dejar de señalar que el hecho de que se trate de la tienda y no del mercado, habla de una trama de actividades económicas interrelacionadas que implican una serie de fenómenos sociales aparecidos con la Modernidad y que constituyeron el núcleo de la crítica marxista al capitalismo.
Pero no menos conmovedora resulta la siguiente advertencia, que puede hallarse hoy día en un paquete común de cigarrillos:
“Actualmente no existe un cigarro que reduzca los riesgos a la salud”.
Con esta advertencia, dirigida sobre todo a los fumadores, pero que no excluye al lego, el autor nos hace partícipes de su fe en la civilización humana. “Actualmente”, dice, “no existe un cigarro que reduzca los riesgos a la salud”. De qué manera el adverbio perpetúa la esperanza de que, algún día, gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, que avanza hoy a pasos agigantados, surja ese cigarro ideal, anhelo de los fumadores, que “reduzca los riesgos a la salud”! Qué manera de no dejarnos caer en el pesimismo, de impulsarnos a perseverar, con la ilusión de ver algún día tal milagro del progreso !
Este texto, que roza los mejores ejemplos de la ciencia ficción sin el gran inconveniente de caer, precisamente, en la ficción, abre una puerta hacia el futuro que no niega el presente: hoy no, mañana tal vez sí.
Después de presentar estos insignes ejemplos, nadie osará negar la inferioridad y vulgaridad de la poesía frente a la literatura de la vida cotidiana, esa que brota verdaderamente desde el alma y se afinca en lo real, en lo concreto, sin apelar a desvaríos vanos, a monstruosas quimeras, pero de una plenitud axiológica difícilmente comparable que recorre todos los ámbitos de la cultura y el espíritu humanos.
Démosle, pues, una patada en el culo a la poesía, y dirijamos nuestras fuerzas y nuestro genio a encumbrar los soberbios atributos de la literalidad más llana, literalidad aplastante como aplanadora, que devolverá, de una vez por todas, la dignidad a la literatura y la cordura a los hombres y mujeres que, cegados por el estilete de Calíope, ensordecidos por el aulós de Euterpe, han cambiado el elevado camino de lo prosaico por el prosaico camino de lo elevado!





2 comentários:
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cómo pude estar tan ciego
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